LA VIOLENCIA DE GENERO DE LOS RICOS, EN SU TERATOLOGICA Y CANIBALISTICA CONCENTRACION DE RIQUEZAS SIN PRECENTES HISTORICOS, ESTA LLEVANDO A LA CIVILIZACION HUMANA A SU COLAPSO
El problema es que todos queremos ser ricos, es decir, caníbales, nos lo queremos COMER TODO en el más absurdo y suicida delirium tremens que se combina, subconscientemente, con la misma pulsión que acarreamos de monos-sexómanos-y-polígamos que hace de nuestra libido dominandi el Gran Gargantúa que tambien quiere comerselo todo.
Y esto no pudo ser vislumbrado por Marx o Engels (sólo pudo sr percibido por Freud al decir una vez: que "la entera humanidad es mi paciente") porque dentro de sus sus condicionantes marcos y parámetros históricos ello aún no se podía asimilar en status conscientis.
Hoy en día es bantante obvio al comprobarse que estamos comiendonos (aparte de los-unos-a-los otros) las Fuentes que en la Tierra nos dan Vida.
Al respecto tenemos que citar El Club de Roma, fundado en 1968, que reunió a científicos, economistas, empresarios y exlíderes políticos de todo el mundo. Su objetivo principal fue el analizar los desafíos complejos e interconectados que enfrenta la humanidad, especialmente en lo referente al medio ambiente, el crecimiento económico y los recursos finitos.
Se dio a conocer mundialmente por su influyente informe de 1972 titulado "Los Límites del Crecimiento", el cual advirtió que el planeta tiene una capacidad física limitada y que un crecimiento económico y demográfico descontrolado llevaría a una crisis globalizada, al colapso. Y en ello estamos porque tanto el Crecimiento, como biopático deseo de Ganancias, de riquezas , en el çapitalismo, son irrefrenables, incluso, incluso cuando en las situaciones limites implique a sus propios inversionistsa financieros a correr el riesgo de ser ahorcados
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Hasta un milmillonario avisa de que la sociedad está a punto de romperse: "Estamos en niveles de concentración de riqueza sin precedentes"
La fortuna de los multimillonarios ya supera los 20 billones de dólares y algunos expertos advierten de que la desigualdad podría acabar desestabilizando la economía y la democracia.
Hace quince años, los multimillonarios del planeta acumulaban alrededor de 4,5 billones de dólares. Hoy, esa cifra se ha multiplicado por más de cuatro y alcanza los 20,1 billones de dólares, una cantidad equivalente a casi el 20% de toda la producción económica anual mundial.
Detrás de ese crecimiento no solo hay historias de éxito empresarial o avances tecnológicos. También emerge una preocupación cada vez más extendida entre economistas, políticos e incluso algunos de los propios beneficiarios de este fenómeno: la posibilidad de que una concentración de riqueza sin precedentes termine generando tensiones económicas, sociales y políticas difíciles de contener.
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La advertencia más llamativa llega de Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic y uno de los empresarios más influyentes del sector de la inteligencia artificial. "Ya nos encontramos en niveles de concentración de riqueza sin precedentes en la historia", ha señalado recientemente y publicado en el New York Times.
Su preocupación va más allá de las cifras: teme que esa acumulación extrema de riqueza pueda terminar "desintegrando la sociedad".
De 4,5 a 20 billones de dólares en apenas 15 años
Los cálculos elaborados por Gabriel Zucman, director del EU Tax Observatory, muestran la velocidad del fenómeno. En 2010, la riqueza combinada de los multimillonarios rondaba los 4,5 billones de dólares; en 2024 ya había alcanzado los 14,2 billones; y en 2026 supera los 20 billones.
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El crecimiento ha sido especialmente intenso en los últimos años, coincidiendo con el auge de la inteligencia artificial, la digitalización y la extraordinaria revalorización bursátil de las grandes tecnológicas.
La inteligencia artificial dispara las grandes fortunas
Uno de los principales motores de esta explosión patrimonial ha sido el sector tecnológico. Empresas como Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet, Meta Platforms y Taiwan Semiconductor Manufacturing Company han alcanzado valoraciones superiores al billón de dólares.
La carrera global por dominar la inteligencia artificial ha concentrado enormes cantidades de inversión en un número muy reducido de compañías, elevando el patrimonio de sus fundadores, accionistas e inversores iniciales.
Elon Musk y el posible primer billonario de la historia
El ejemplo más visible es Elon Musk. Su fortuna ha aumentado alrededor de un 40% en apenas dos años gracias a la revalorización de sus empresas y al crecimiento de sectores como los vehículos eléctricos, los satélites y la inteligencia artificial. La futura salida a bolsa de SpaceX podría elevar aún más su patrimonio.
La valoración preliminar de la compañía ronda los 1,77 billones de dólares. Como Musk controla aproximadamente el 42% de las acciones, algunos analistas consideran que podría convertirse en el primer individuo cuya riqueza supere el billón de dólares.
Para ponerlo en contexto, solo una veintena de países generan anualmente una producción económica superior a esa cifra.
Los trabajadores pierden peso en la economía
Mientras las grandes fortunas crecen, numerosos economistas observan otra tendencia paralela: la disminución del peso de los salarios dentro de la riqueza total generada por las economías.
Tradicionalmente, la productividad y los salarios evolucionaban de forma relativamente parecida. Sin embargo, durante las últimas dos décadas se ha ampliado la distancia entre los rendimientos del capital y los ingresos del trabajo.
Los expertos señalan varios factores como la automatización creciente, la inteligencia artificial, el debilitamiento sindical, la deslocalización industrial y las ventajas fiscales para las rentas del capital.
El resultado es que las ganancias derivadas de acciones, participaciones empresariales e inversiones crecen mucho más rápido que los salarios medios.
El poder de las "empresas superestrella"
Otro elemento clave es la aparición de gigantes empresariales capaces de dominar sectores enteros. El economista del Massachusetts Institute of Technology, David Autor, denomina en el mismo artículo del NYT a estas compañías "empresas superestrella".
Según sus investigaciones, estas empresas concentran una parte cada vez mayor de los beneficios económicos y fortalecen el poder de negociación de los propietarios frente a los trabajadores.
Autor no cuestiona que muchos multimillonarios hayan generado innovaciones valiosas para la sociedad. Sin embargo, advierte sobre otro riesgo. "El problema no es necesariamente cómo se ganan esos miles de millones, sino cómo ese dinero distorsiona la política", señala.
Menos impuestos para los más ricos
La política fiscal también desempeña un papel fundamental. En EEUU, diversas reformas tributarias aprobadas durante la última década redujeron significativamente la carga fiscal de empresas y grandes patrimonios.
Los defensores de estas medidas argumentan que favorecen la inversión y el crecimiento económico. Sus críticos sostienen que han contribuido a acelerar la concentración de riqueza.
Además, recuerdan que mientras los trabajadores tributan a través del impuesto sobre la renta y las cotizaciones sociales, gran parte de la riqueza de los multimillonarios permanece ligada a activos financieros que pueden diferir o minimizar la carga tributaria durante años.
El debate sobre los impuestos a las grandes fortunas
El aumento de la desigualdad ha reactivado las propuestas para crear impuestos específicos sobre el patrimonio de las grandes fortunas. La idea gana apoyos en países como Francia, Alemania, Reino Unido, Brasil o EEUU.
Uno de los casos más destacados es California, donde una iniciativa impulsada por sindicatos propone gravar con un impuesto extraordinario del 5% los patrimonios multimillonarios.
Los defensores de estas medidas argumentan que una parte creciente de la riqueza mundial se transmite entre generaciones prácticamente intacta, consolidando una nueva aristocracia económica difícil de desafiar.
Una preocupación que va más allá de la economía
El debate ya no gira únicamente en torno a cuánto dinero acumulan los multimillonarios. La cuestión fundamental es qué consecuencias puede tener esa concentración sobre la democracia, la movilidad social y la estabilidad institucional.
La mayoría de economistas discrepan sobre el nivel exacto de desigualdad o sobre cuáles son las soluciones más eficaces.
Sin embargo, existe un consenso cada vez más amplio en un punto: los más ricos se están alejando del resto de la población a una velocidad superior a la observada en décadas anteriores.
Y para algunos observadores, incluido un número creciente de empresarios tecnológicos, la verdadera amenaza no es la existencia de multimillonarios, sino que la distancia económica entre una pequeña élite y el resto de la sociedad siga ampliándose hasta niveles difíciles de sostener.

