Paul Craig Roberts
La respuesta de Rusia a la confiscación ilegal de su buque, el Marinera, en alta mar, un acto de guerra, es exigir que Washington garantice un trato digno a los ciudadanos rusos a bordo. (¡¡¡)
A Washington le traen sin cuidado las exigencias rusas. Putin demostró a Washington hace mucho tiempo que Rusia no tiene la fuerza para hacer daño.
Como he escrito durante años, la falta de firmeza en Rusia está llevando al mundo a una guerra nuclear. Al tolerar toda provocación, Putin ha fomentado que estas aumenten y empeoren.
Por ejemplo, cuando la flota de bombardeo estratégico ruso fue atacada, Putin se negó a reconocerlo como un acto de guerra. Cuando Estados Unidos intentó asesinar a Putin en su residencia, Putin se negó a reconocerlo como un acto de guerra.
La captura de barcos en alta mar es un acto de guerra. Estados Unidos ha reconocido a lo largo de su historia que la captura de barcos en alta mar es un acto de guerra.
En 1801, el presidente Thomas Jefferson envió a la Armada y a la Infantería de Marina de los Estados Unidos a las costas de Trípoli para detener la captura árabe de barcos estadounidenses en aguas internacionales y la venta de sus pasajeros como esclavos. Cuando los británicos capturaron barcos estadounidenses, esto desencadenó la guerra de 1812.
Ahora, Estados Unidos afirma que la ley estadounidense se aplica a todos los barcos en todos los océanos, y un juez federal ha respaldado esta ridícula afirmación al emitir una orden para la captura de un barco vacío con bandera rusa en alta mar a 5.500 kilómetros de Estados Unidos.
El lunático de la Casa Blanca describe esto como “proteger a Estados Unidos”.
La Convención sobre el Derecho del Mar garantiza la libertad de navegación y prohíbe la incautación de buques registrados en otros países. Así como el secuestro del jefe de Estado y la primera dama venezolanos por parte de Trump es un delito susceptible de juicio político, también lo es la incautación de buques en alta mar.
Pero no esperen ninguna rendición de cuentas en un país cuya población ha sido adoctrinada y manipulada para creer que está siendo atacada y que debe defenderse por todos los medios, tanto legales como ilegales.
Putin ha convencido a Washington de que ninguna provocación provocará una reacción rusa, salvo unas pocas palabras sin sentido. Este es el camino a la guerra final.
La inacción de China refleja la de Rusia y ha erosionado la política de una sola China establecida por el presidente Nixon en la década de 1970. En su lugar, crece la creencia de que Taiwán, al igual que Groenlandia, pertenece a Estados Unidos y debe ser protegida por la Armada estadounidense y cientos de misiles estadounidenses enviados a Taiwán. La incapacidad del gobierno chino para afrontar la realidad está conduciendo a la guerra.
Lo mismo ocurre en Irán. Como resultado de su inacción, el gobierno iraní ha desperdiciado su ventaja estratégica y se ha visto aún más rodeado y aislado.
Aún no existe un acuerdo de seguridad mutua entre estos tres países. Un acuerdo de este tipo pondría fin a las provocaciones. Al parecer, los gobiernos son incapaces de comprender que su esfuerzo por evitar el conflicto está conduciendo al conflicto.
¿Cuál será la próxima provocación? ¿Que la Armada estadounidense entre en Sebastopol y confisque la flota rusa del Mar Negro? Quizás para evitar esta humillación Rusia esté construyendo una base alternativa en Abjasia, la región separatista de Georgia.

