La cita bíblica es referida por Thomas Mann en su célebre novela La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924).
El Pasaje: Se encuentra en el capítulo 7, específicamente en la última sección titulada "El rayo" ("Der Donnerschlag").
Contexto: Hans Castorp, el protagonista, se encuentra en el sanatorio en Davos. En un momento de reflexión sobre su propia existencia suspendida y su posición entre la vida y la muerte, medita sobre su falta de arraigo y su situación de "huésped" en el mundo, evocando la figura evangélica para describir su estado desamparado y errante.
--Nota: Esta frase bíblica también es un tema recurrente en la literatura de Mann para subrayar la figura del artista o del pensador desterrado, desarraigado, un ser errante que no pertenece del todo al mundo burgués ni al espiritual
El pasaje más célebre y directo donde Thomas Mann utiliza esta cita es en su novela corta de 1903, "Tonio Kröger"
Hacia el final de la obra, en la famosa carta que Tonio escribe a su amiga Lisaweta Iwánowna, Mann utiliza estas palabras para describir la soledad existencial del artista. Tonio se siente suspendido entre dos mundos: el de la gente común ("los de ojos azules") y el del intelecto y el arte, sin pertenecer realmente a ninguno.
En el contexto, dice:
"Estoy entre dos mundos, en ninguno de los cuales me siento en casa, y por ello me resulta difícil vivir. Vosotros, los artistas, me llamáis burgués, y los burgueses se sienten tentados a detenerme... no sé cuál de los dos me hiere más... Las zorras tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza".
Otras posibles apariciones:
Aunque Tonio Kröger es el lugar más emblemático, el tema del "hijo del hombre" sin hogar también resuena en:
Doctor Faustus: En las reflexiones de Adrian Leverkühn sobre el aislamiento y la falta de un hogar espiritual.
José y sus hermanos: Dada la naturaleza bíblica de la tetralogía, Mann juega constantemente con la idea del nómada y la bendición del "errante", aunque aquí la cita suele estar más diluida en el tejido teológico de la narración.
¿Por qué es importante para Mann?
Porque para Thomas Mann, esta frase no es solo una cita religiosa; es una metáfora de la ironía. Representa al intelectual que ha perdido la ingenuidad de la vida cotidiana y, como consecuencia, se queda sin un "suelo" firme sobre el cual descansar, condenado a observar la vida desde fuera.
...............................
--Para nosotros ese apoyo que nos falta para recostar y descansar nuestra testa, que tanto nos pesa, es debido, en su raíz, al desfase evolutivo entre cabeza-y-corpus. Viene desde in illo tempore. Ya estaba en Cristo que lo catalizó en sus palabras.
Lo que ocurre, obviamente, es que la naufragante, contradictoria y patógena situación existencial del hombre en la alienación y deshumanizacion de la sociedad róbotica contemporánea, la lleva a su máxima expresión, a su incorporación a la cultura, novela, filosofía, poesía, etc.; la lleva a padecerla más....

