UNO, DOS, TRES, CUATRO, CINCO, SEIS, SIETE, OCHO, NUEVE, DIEZ...

UNO, DOS, TRES, CUATRO, CINCO, SEIS, SIETE, OCHO, NUEVE, DIEZ...
"EL CAPITALISMO NO ES NADA MÁS QUE UNA EMPRESA DE LADRONES COMUNES DISFRAZADA DE 'CIVILIZACION' QUE EXTENDIÓ, IMPERIALÍSTICAMENTE, A ESCALA GLOBAL, UN 'SISTEMA' (ECONÓMICO, POLÍTICO, IDEOLÓGICO Y SOCIAL) PARA LEGALIZAR Y LEGITIMAR CON LEYES UN ROBO MASIVO Y PLANETARIO DEL TRABAJO SOCIAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES, ENMASCARADO DE 'ECONOMÍA MUNDIAL' " Manuel Freytas -- "LA SITUACION DEL CAPITALISMO HOY EN DIA NO ES SOLAMENTE UNA CUESTION DE CRISIS ECONOMICA Y POLITICA, SINO UNA CATASTROFE DE LA ESENCIA HUMANA QUE CONDENA CADA REFORMA ECONOMICA Y POLITICA A LA FUTILIDAD E INCONDICIONALMENTE DEMANDA UNA REVOLUCION TOTAL" Herbert Marcuse, 1932



"UN SISTEMA ECONÓMICO CRUEL


AL QUE PRONTO HABRÁ

QUE CORTARLE EL CUELLO"

¡ QUÉ GRAN VERDAD !
PORQUE FUÉ ESE MISMO
SISTEMA ECONÓMICO CRUEL,
PRECISAMENTE,
¡ EL QUE LE CORTÓ EL CUELLO A ÉL !


Saturday, July 29, 2017

HOY SE CUMPLE EL 81 ANIVERSARIO DE LA CAIDA DEL "GEN ROJO" EN HUELVA, ANDALUCIA, ESPAÑA

1933, Huelva
 
"El ochenta por ciento de las familias andaluzas   
                        están ya de luto"
                        Queipo de Llano

A mi  madre,
hija de campesinos
y "gen rojo" obrera del  hogar.
Y a mi padre,
hijo de artesanos,
y "gen rojo" obrero ferroviario,
que hoy, hace ochenta y un años,
vieron como Huelva
se inundaba de terror
que subyació en el luto
y en el miedo
de sus bocas selladas,
y a todos aquellos heróes anónimos
que regaron la  flor de la dignidad
que sólo estan invernando a la espera
de que nuestra memoria histórica
los vuelva a recuperar.
.............................
"gen rojo":
http://sisifocansado.blogspot.com.es/2017/07/del-gen-rojo-de-vallejo-najara-al-gen.html
...............................

Tomemos a Paul Preston que se atrevió, antes que ningún otro, a llamarle --a su libro-- 'Holocausto Español' al genocidio del  pueblo español
(Extractos de su libro):

"Con la «pacificación» de Sevilla y la situación en Cádiz bien encauzada, Queipo de Llano pasó a centrar sus preocupaciones en el destino de Huelva.

La Polícia, la Guardia Civil y el Ejército de la provincia estaban llenos de conspiradores infiltrados. En un primer momento el golpe habia fracasado por la firme actuación de los cargos provinciales: el gobernador civil, Diego Jimenez Castellano, el alcalde, Salvador Moreno Marquez, y los mandos de la Guardia Civil, el teniente coronel Julio Orts Flor, y del Cuerpo de Carabineros, el teniente coronel Alfonso Lopez Vicencio.

Aunque se distribuyeron armas entre las organiza-ciones obreras, las autoridades hicieron todos los esfuerzos posibles para preservar el orden. Se detuvo a los miembros de la derecha local y se les confiscaron las armas, al tiempo que se tomaban las medidas necesarias para garantizar su seguridad.

Habida cuenta del caos y del odio que suscitó el levantamiento, puede considerarse un éxito, atribuible a la actitud de las autoridades que el número de derechistas asesinados por elementos incontrolados en la provincia de Huelva no pasara de seis.

Tal era la confianza del gobierno republicano en Madrid que, el 19 de julio, el nuevo ministro de la Gobernacion, el general Sebastian Pozas Perea, envió un telegrama al gobernador, Jimenez Castellano, y al teniente coronel Orts Flor, en el que decia: 'Les recomiendo movilicen a toda la población minera y empleen explosivos para aniquilar a esas bandas terroristas, confiando en la llegada de la columna militar que avanza sobre Córdoba y Sevilla en carrera triunfal y que en poco tiempo aniquilará a esos restos de facciosos traidores que se entregan al vandalismo mas grosero y cruel en sus últimos aletazos de vida'.

En respuesta a un telegrama tan delirantemente optimista, cuyo texto sería posteriormente falsificado por los rebeldes, se decidió enviar una columna desde la ciudad para atacar a Queipo de Llano en Sevilla.

La columna en cuestión estaba integrada por 60 guardias civiles, 60 carabineros y guardias de asalto, y alrededor de 350 voluntarios izquierdistas procedentes de distintas ciudades, entre los que figuraban los mineros socialistas.

Aconpañaban a la formación dos parlamentarios onubenses: los diputados Juan Gutierrez Prieto y Luis Cordero Bel. El mando de las tropas se confió al comandante de la Guardia Civil Gregorio Haro Lumbreras, un hombre muy poco de fiar. Haro había participado en el golpe de 1932 en Madrid y mantenía un estrecho contacto con José Cuesta Monereo, el organizador del golpe militar en Sevilla.

Con el fin de evitar que los trabajadores de la columna frustraran sus verdaderos planes, Haro Lumbreras partió con sus hombres a Sevilla horas antes que los voluntarios civiles. A lo largo del camino se incorporaron a su grupo mas guardias civiles y, cuando el destacamento llegó a Sevilla, Haro Lumbreras se unió a Queipo de Llano y volvió sobre sus pasos para tender una emboscada a las milicias que venían de Huelva.

El 19 de julio, en un cruce de caminos conocido como La Pañoleta, sus hombres abrieron fuego con ametralladoras contra los mineros, con el resultado de 25 muertos y 71 prisioneros, 3 de los cuales murieron poco después a consecuencia de las heridas. Los demás voluntarios, entre ellos los diputados socialistas, lograron escapar.

Las tropas de Haro no sufrieron bajas, con la excepción de un hombre que se rompió una pierna al bajar de un camión. Trasladaron a los detenidos al barcoprisión, Cabo Carvoeiro, anclado en el Guadalquivir. A finales de agosto, los prisioneros fueron 'juzgados' y considerados culpables del surrealista delito de rebelión militar contra el único poder constituído en España de manera legítima.

Dividieron a los 68 condenados en seis grupos para trasladarlos a seis zonas de Sevilla dónde la resistencia de los trabajadores había sido significativa, y alli los fusilaron. Dejaron los cadáveres tirados en las calles durante horas, con el propósito de aterrorizar todavía más a una población que ya había presenciado más de 700 ejecuciones desde la victoria de Queipo de Llano.

La ciudad de Huelva resistió diez días mas. Entretanto, las columnas organizadas por los militares rebeldes y financiadas por voluntarios
adinerados, con acceso a armamento y vehículos, fueron conquistando el territorio comprendido entre Huelva y Sevilla.


(Tanto Huelva como todos los pueblos en el camino entre Sevilla y Huelva fueron bombardeados antes de ser tomados por las  columnas fascistas. Los aviones salían del aeropuerto de Tablada en Sevilla)

Tras su participación en las matanzas de los barrios trabajadores de la capital sevillana, una columna carlista encabezada por el comandante retirado Luis Redondo García se sumó a las operaciones contra los pueblos situados al sudeste de la capital.

Otro destacamento quedó al mando de Ramón de Ca-rranza, amigo de Mora-Figueroa, que había participado en los preparativos del golpe y en la represión en los barrios de Nervión, Ciudad Jardín, Triana y La Macarena. Como ya se ha dicho, Queipo lo recompensó poniéndolo en el cargo de la administración municipal de Sevilla tras la detención del alcalde, Horacio Hermoso Araujo.

Carranza era hijo del cacique de Cadiz, el almirante Ramón de Carranza y Fernandez de la Reguera, marqués de Villapesarlilla, propietario de 2.300
hectáreas en Chiclana y Los Barrios, una localidad próxima a Algeciras.  El 22 de julio, Carranza convenció a Queipo de la necesidad de tomar varios municipios de la provincia. Entre el 23 de julio y finales de agosto, alternó sus obligaciones administrativas con el mando de los ataques contra las poblaciones controladas por la izquierda. Su columna operó en solitario para ocupar los pueblos de la zona del Aljarafe, al oeste de Sevilla, si bien posteriormente se integró en una formación militar más numerosa.

No fue casualidad que en muchas de estas localidades se encontraran las fincas de Carranza y otros integrantes de la columna, como Rafael de Medina Vilallonga, prometido de la hija del duque de Medinaceli. El itinerario de éstas columnas de terratenientes venía dictado a menudo por la localización de sus tierras. En la mayoria de los pueblos se había constituído un comité del Frente Popular en el que se hallaban representados los republicanos y los grupos de izquierda, normalmente bajo la dirección del alcalde. El comité se ocupaba de detener a los simpatizantes de los militares rebeldes y confiscar sus armas. La región contenía grandes latifundios dedicados al cultivo de trigo y aceituna, además de extensos alcornocales dónde pastaban ovejas, cabras y cerdos.

Los comités obreros organizaron la distribución de alimento y ganado, a la vez que colectivizaban las fincas en algunos casos. De ahí el interés de los propietarios por recuperar las tierras que ahora alimentaban a sus enemigos izquierdistas.

La columna de Carranza, que gozaba casi de plena autonomía, entró en el Aljarafe para atacar municipios como Saltares, Camas, Valencina, Bollullos y Aznalcazar. Armados con morteros y ametralladoras, apenas encontraron resistencia entre los campesinos, que sólo contaban con unas pocas escopetas de caza.

En Castilleja, una pequeña localidad del Aljarafe, Medina liberó las fincas de su amigo, el marqués de las Torres de la Presa. En Aznalcazar, el alcalde socialista salió al encuentro de Medina y, según el propio relato de éste, le entregó el pueblo con gran dignidad y elegancia, lo que no impidió que se lo llevaran a Sevilla y lo fusilaran.

En su avance entre Pilas y Villamanrique, la columna recuperó las fincas del propio Medina y las de su padre. El 25 de julio habían llegado a Almonte, en la provincia de Huelva. A medida que los pueblos caían uno tras otro, Carranza destituia a las autoridades municipales con una arrogancia pasmosa, las detenía, nombraba un nuevo consistorio integrado por miembros de la derecha, cerraba las sedes de los sindicatos y cargaba a los prisioneros en camiones para trasladarlos a Sevilla, dónde se llevaban a cabo las ejecuciones.

El 27 de julio, la columna de Carranza llegó al municipio de Rociana, tomado por la izquierda como respuesta a la noticia del golpe militar, dónde se había llevado a cabo una destrucción ritual de los símbolos del poder derechista, pero no había habido víctimas. Los vecinos habían destrudo las sedes de la Asociacion Patronal y dos asociaciones, una de ellas de la Falange; habían robado 25 ovejas a un ganadero rico y quemado la iglesia y la casa parroquial, si bien los socialistas salvaron al párroco de cincuenta años, Eduardo Martinez Laorden, además de a su sobrina y la hija de ésta que vivían con él, y los acogieron en casa del alcalde. El 28 de julio, el padre Martinez Laorden pronunció un discurso desde el balcón del ayuntamiento: Ustedes creeran que por mi calidad de sacerdote voy a decir palabras de perdon y de arrepentimiento. Pues no. iGuerra contra ellos hasta que no quede ni la Ultima raíz!.

Los rebeldes detuvieron entónces a numerosos hombres y mujeres. A las mujeres les raparon la cabeza, y a una de ellas, conocida como la maestra Herrera, la arrastraron por el pueblo atada a un burro antes de fusilarla. En los tres meses siguientes ejecutaron a 60 vecinos. En enero de 1937, el padre Martínez Laorden presentó una queja oficial por la tibieza de la represión.

Una semana después de su creación, la columna de Carranza, constituída inicialmente por unos 20 falangistas, engrosó sus filas con guardias civiles aportados por Queipo de Llano y otros voluntarios hasta alcanzar un número de 200.

El propio Queipo, en sus discursos radiofónicos nocturnos, se lamentaba en broma de que todos los falangistas sevillanos anduvieran divirtiéndose con Carranza:
 
'El Alcalde de Sevilla, don Ramón de Carranza, hijo del marqués de Villapesadilla, Alcalde tambien de Cádiz, está demostrando más temple de guerrillero que de marino y de Alcalde. Con una columna compuesta por elementos de Falange Española y de la Guardia Civil, está haciéndo una labor eficacísima en la pacificación de los pueblos. Es un bravo que manda un puñado de bravos. Pero, permitidme protestar, sin embargo, de que en ésta valerosa legión se me vayan todos los falangistas de Sevilla, dónde los necesito, porque estan prestando inapreciables servicios. El grupo que manda Carranza se componía, el primer día, de veinte o veinticinco muchachos, a los que yo agregué, por vía de protección, una sección de guardias civiles; pero todos los falangistas quieren tomar parte en la aventura, y el grupo ha ido aumentando hasta el día en que iban cerca de doscientos. Y yo los necesito aqui para dar el obligado descanso a mis tropas'.

Cuando Gonzalo de Aguilera fusiló a seis braceros en Salamanca, consideraba de que se estaba vengando por anticipado. Muchos terratenientes hicieron lo mismo al adherirse o financiar las columns mixtas compuestas de soldados, guardias civiles, requetes carlistas y falangistas, además de participar activamente en la selección de las víctimas que debían ser ejecutadas en los pueblos capturados.

En un informe enviado a Lisboa a principios de agosto, el cónsul portugués en Sevilla elogiaba las actividades de éstas tropas integradas por «fascistas y milicias tradicionalistas». Al igual que su homólogo italiano, había recibido del portavoz de Queipo un sanguinario relato de las indecibles atrocidades supuestamente cometidas contra mujeres y niños por izquierdistas armados hasta los dientes.

En consecuencia, refería con satisfacción que 'al castigar estas monstruosidades, se aplica una severa justicia militar sumaria. En estos pueblos no ha quedado vivo un solo comunista rebelde, porque los han fusilado a todos en la plaza mayor'

Lo cierto es que los fusilamientos no eran un acto de justicia, ni militar ni de ninguna especie, sino un ejemplo de la determinación de los latifundistas por dar marcha atrás al reloj. Asi las cosas, antes de fusilar a los trabajadores, los obligaban a cavar sus propias tumbas, y los señoritos falangistas les gritaban: '¿No pediaís tierra? Pués la vaís a tener; iy para siempre!'.

Queipo de Llano disfrutaba con las atrocidades perpetradas por las columnas. El 23 de julio manifestó lo siguiente en uno de sus discursos radiofónicos: «Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: iMorón, Utrera, Puente Genil, Castro del Rio, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciéreis asi, quedareís exentos de toda responsabilidad».

En una parte del discurso que la censura consideró demasiado explicita para reproducirla textualmente, Queipo de Llano afirmaba: «Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabran lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen».

 Los discursos de Queipo de Llano estaban repletos de referencias sexuales. El 26 de julio proclamó: «iSevillanos! No tengo que recomendaros ánimo, porque bien conocido tengo ya vuestro valor. Para terminar os digo que a todo afeminado o invertido que lance alguna infamia o bulos alarmistas contra éste movimiento nacional tan glorioso, lo matéis como a un perro».

Arthur Koestler lo entrevistó a primeros de
septiembre de 1936: «Por espacio de diez minutos, con un discurso fluído y bien hilvanado, que por momentos cobraba un tono picante, relató como los marxistas rajaban a las mujeres embarazadas y apuñalaban el feto; como ataron a dos niñas de ocho años a las rodillas de su padre, las violaron, las rociaron con gasolina y las prendieron fuego. Asi continuó contando historias que ofrecían 'una perfecta demostración clínica de 'psicopatología sexual'.

Koestler se refirió asi mismo a los discursos de Queipo: «El burdo deleite con que el general Queipo de Llano describe escenas de violación es una incitación implícita a la repetición de dichas escenas».

Los comentarios de Queipo pueden contrastarse con un incidente ocurrido en Castilleja del Campo, cuándo llegó al pueblo un camión cargado de prisioneros a los que iban a ejecutar, procedentes de la vecina población minera de Aznalcóllar, ocupada por los fascistas el 17 de agosto. Entre los prisioneros figuraban una madre y su hija en avanzado estado de gestación que dió a luz mientras la fusilaban. Los que acudieron a dispararle el tiro de gracia mataron también al recien nacido a culatazos.

La columna que cumplió con mayor celo las directrices de Queipo cuándo estaba al mando de ella el fornido comandante Antonio Castejón Espinosa. Tras participar en la represión de los barrios obreros de Triana y La Macarena (en la Basilica de la virgen de La Macarena esta enterrado Queipo y su esposa), y antes de ponerse camino de Madrid, Castejón llevó a cabo una serie de rápidas incursiones diarias al este y al oeste de Sevilla.

La columna contaba con fuego de artillería, además de la veterania de los legionarios y guardias civiles en su guerra contra los campesinos. Asi, en
cumplimiento de las amenazas de Queipo, conquistaron Alcalá de Guadaira, Arahal, La Puebla de Cazalla y Moron de la Frontera; llegaron a Ecija y desde alli avanzaron hacia el sur, hasta Osuna, Estepa y La Roda, para terminar en la localidad cordobesa de Puente Genil. En dirección oeste, Castejón llegó hasta la Palma del Condado, en la provincia de Huelva.

En primer lugar bombardearon el municipio, lo que provocó el asesinato de 15 prisioneros derechistas por parte de los izquierdistas enfurecidos. El 26 de julio, el pueblo cayó bajo la acción conjunta de las columns de Castejón y Carranza, en el curso de una operación que produjo fricciones entre ambos, toda vez que Castejón pensaba que Carranza le había robado la gloria de ser el primero.

En las proximidades de Valencina de Alcor (creeemos que Preston quiere decir, Villalba del Alcor) las fuerzas de Castejón liberaron la finca de un torero rico y retirado, Emilio Tones Reina, conocido como «Bombita». El torero se sumó con entusiasmo a los combates y el posterior «castigo» de los prisioneros.

Cuándo las fuerzas de la Legion enviadas por Queipo de Llano tomaron finalmente la ciudad de Huelva, el 29 de julio, descubrieron que el alcalde y muchas autoridades republicanas habían logrado huir en un vapor a Casablanca. La capital se rindió tras la breve resistencia que opusieron los milicianos de izquierdas en la casa del pueblo, con un saldo de 17 vecinos abatidos por las fuerzas rebeldes.
Se tomaron alrededor de 400 prisioneros las matanzas comenzaron de inmediato. Era frecuente encontrar cadáveres en las cunetas.

(Hoy en día existen 114.000 dsaperecidos  en esas mismas cunetas. Mi padre me contaba --ya de viejo, antes no habló nunca de ello-- que cuándo entraba a trabajar en el turno de noche, veía a menudo esos cadáveres. Y las veces que se encontra con la brigadilla --guardia civil de paisano--), uno de ellos le espetaba: "¿Qué ves? Tú no ves nada. ¿Entiendes?" Y mi padre entendió muy bien porque no fue hasta entrado en la década de sus ochenta --cincuenta años después-- que comenzó a desentender)

Cuándo aún no había terminado de saborear la gloria tras la matanza de los mineros perpetrada en La Pañoleta, el comandante Haro Lumbreras fue nombrado gobemador civil y militar de Huelva.

A las autoridades republicanas tanto civiles como
militares que no lograron huír —el gobemador civil y los mandos de la Guardia Civil y el Cuerpo de Carabineros—, los juzgaron el 2 de agosto, acusados de rebelión militar. Haro, el héroe de La Pañoleta, testificó en contra de su inmediato superior, el teniente coronel Orts Flor, quíen había organizado la columna de los mineros hacia Sevilla. Con el fín de acrecentar su heroismo, aúnque revelando sin darse cuenta sus propias obsesiones, Haro declaó que las ordenes recibidas del general Pozas, a través de Orts, fueron que «volase Sevilla y jodiese a las mujeres de los fascistas». Como es natural, a los acusados les declararon culpables y los condenaron a muerte.

Numerosos clerigos y derechistas a quienes el gobernador civil Diego Jimenez Castellano había salvado la vida, enviaron telegramas a Sevilla, el 4 de agosto, con desesperadas peticiones de clemencia para el condenado. Queipo de Llano respondió: «Lamento muchísimo no poder acceder a su petición de indulto a los reos condenados última pena, ya que las circunstancias críticas que atraviesa España obligan no entorpecer justicia para lograr, no solamente el castigo de los culpables, sino --la necesaria-- ejemplaridad».

Diego Jiménez Castellano, Julio Orts Flor y Alfonso Lopez Vicencio fueron fusilados el 4 de agosto, pasadas las seis de la tarde.

Una vez tomada la ciudad de Huelva, los rebeldes pusieron en marcha el mismo proceso llevado a cabo en Cádiz y Sevilla, y las columnas avanzaron para arrasar el resto de la provincia. Las tropas de Carranza participaron en la toma de los municipios de Lepe, Isla Cristina y Ayamonte, dónde buena parte de los republicanos fueron detenidos y trasladados a la capital supuestamente para ser juzgados, aúnque en realidad los mataron por el camino.

Los rebeldes disponían de un bastión al norte de la provincia, en Encinasola, dónde el alzamiento triunfó desde el primer momento. La derecha recibía además apoyo desde Barrancos, al otro lado de la frontera portuguesa. De la conquista de los pueblos y 
ciudades situados al norte y el este de la capital, con abundante derramamiento de sangre, se ocupó la columna de carlistas sevillanos al mando de Luis Redondo.

Las localidades mineras del norte resistieron con fiereza por espacio de varias semanas, a pesar de los bombardeos. Higuera de la Sierra cayó el 15 de agosto, y Zalamea la Real, una población limítrofe con el distrito minero de Riotinto, el día siguiente.

Tras la toma de los pueblos se llevaron a cabo fusilamientos indiscriminados. La brutalidad aumentó cuándo las columnas llegaron a Riotinto. Los vecinos habían huído de El Campillo, rebautizado como Salochea por los militantes de la CNT. Al encontrar el pueblo desierto, Redondo dió la orden de incendiarlo entero. Queipo de Llano difundió la absurda idea de que la izquierda local había quemado vivos a 22 derechistas y prendido fuego después a sus propias viviendas.

El 20 de agosto se lanzó un ataque aereo sobre Nerva en el que perdieron la vida 27 mujeres, 4 hombres, un niño de diez años y una niña de seis meses. Un vecino de derechas fue asesinado en éste período, si bien el alcalde comunista impidió que la ira popular que suscitaron los bombardeos cayera sobre los 25 derechistas locales, a quienes mantuvo en custodia preventiva con el fin de garantizar su seguridad. Pero tras la toma de la población, los rebeldes ejecutaron a 288 personas.

El 28 de agosto, cuándo la columna de Redondo Rego llegó a Aroche, dónde habían matado a 10 derechistas, muchos izquierdistas habían huído a Badajoz, pese a lo cual la represión se cobró las vidas de 143 vecinos, incluidas 10 mujeres. La población femenina fue sometida a vejaciones y abusos sexuales.

Al conocerse la dureza de la represión, la resistencia en otros municipios se hizo mas decidida. El cerco a El Cerro de Andevalo duró alrededor de tres semanas y en él participaron tres columnas compuestas de guardias civiles, falangistas y requetés. La junta local de la CNT había protegido a las monjas en un convento, pero no pudo impedir los ataques contra las propiedades eclesiásticas. Cuando el pueblo cayó finalmente, el 22 de septiembre, la represión fue feroz.

En la localidad cercana de Silos de Calañas se lleva-ron a las mujeres y los niños para fusilarlos con los hombres. Un gran número de refugiados se dirigieron al norte de la provincia para buscar cobijo en la pequeña zona de Badajoz que aún no había sido conquistada por los rebeldes.

Mientras tanto, al sur de la provincia, en las localidades de Moguer y Palos de la Frontera, los miembros del clero y la derecha local quedaron en custodia preventiva de las autoridades republicanas. En Moguer, una muchedumbre asesinó al teniente coronel Luis Hernandez-Pinzón Ganzinotto el 22 de julio, después de saquear su casa. El alcalde,
Antonio Batista, consiguió evitar que hubiéra más muertes. Esa misma noche se incendió la iglesia. Los crimenes se atribuyeron posteriormente a la indignación popular que provocó la noticia de la represión en Sevilla.

El alcalde socialista de Palos, Eduardo Molina Martos, y el diputado del PSOE Juan Gutierrez Prieto, trataron de impedir, sin éxito, que los miembros de la CNT quemaran las iglesias y el histórico monasterio de La Rábida, pero lograron evitar que se ejecutara a los derechistas. El día 28 de julio, la Guardia Civil tomó el pueblo sin oposición de la izquierda, y el 6 de agosto, un grupo de falangistas llegados de Huelva comenzó las ejecuciones extrajudiciales.

Gutierrez Prieto, un abogado de mucho talento y un personaje muy popular en Palos, fue detenido en Huelva el 29 de julio y juzgado el 10 de agosto. Además de acusarlo de rebelión militar, se le imputaron todos los actos de violencia cometidos
por la izquierda en la provincia y lo condenaron a muerte.

Muchos curas y miembros de la derecha intercedieron en su favor. Con el fin de contrarrestar las suplicas de clemencia, Haro Lumbreras realizó unas
declaraciones a la prensa que volvían a reflejar sus obsesiones sexuales, como en su distorsión de las Ordenes del general Pozas. A pesar de que en Palos ningún derechista había sufrido daño alguno, Haro aseguro: El enemigo que quema vivas a familias enteras, que crucifica y quema vivo en una plaza pública al obispo de Siguenza, que abre el vientre a mujeres embarazadas, que asesina a niños inocentes, que roba, asalta edificios, incendia, mancilla el honor de indefensas doncellas, arroja en Constantina a 250 personas a los pozos y luego les echa dinamita para rematarlas, no puede ni debe pedir clemencia a quienes serían sus primers víctimas si la ocasión se presentase.

Gutierrez Prieto fue fusilado el 11 de agosto. Para acallar las protestas por su ejecución, los rebeldes desencadenaron una matanza que costó la vida a 30 vecinos de Palos, incluído un tío del propio Gutierrez Prieto, y a otros 12 de pueblos cercanos.

En Moguer, los rebeldes flevaron a cabo una represión sistemática que consistió en saquear los hogares de los republicanos, violar a las mujeres y asesinar a 146 personas, entre las que había mujeres y niños de doce años. Mas del 5 por ciento de la población adulta masculina, y el 2,13 por ciento del total de la población, que ascendia a 7.051 vecinos, fue asesinada.

A la luz de la declaración de Haro Lumbreras vale la pena recordar que el número de víctimas de derechas contabilizado en la provincia desde el 18 de julio hasta que los rebeldes se hicieron con el control total del territorio ascendió a 44 en nueve localidades. Otros 101 derechistas perdieron la vida en enfrentamientos armados contra los defensores de la República.

La represión que practicaron los sublevados tuvo una magnitud muy superior y respondió no sólo a las ansias de venganza por la violencia izquierdista, sino a un plan de exterminio perfectamente diseñado.


En 75 de 78 municipios onubenses se ejecutó a un total de 6.019 personas (contabilizadas, porque según el  historiador Francisco Espinosa, el número real ascendió a unos 8.000)  

En los días que mediaron entre el golpe militar y la caída de Huelva en manos de los rebeldes, las autoridades republicanas centraron todos sus esfuerzos en proteger a los derechistas detenidos inmediatamente después del alzamiento.

El gobernador civil, el alcalde Salvador Moreno Márquez y otros destacados parlamentarios de la izquierda, hicieron llamamientos a la serenidad y el respeto a la ley, al tiempo que decretaban la custodia preventiva para 178 miembros de la extrema derecha local, entre quienes se contaban, además de los falangistas, los terratenientes y los industriales más odiados por la población. Todos ellos se encontraban a salvo cuándo las tropas rebeldes conquistaron la ciudad. Sin embargo, el asesinato de seis personas en los once días anteriores le ofreció a Haro Lumbreras el pretexto necesario para poner en marcha una sangrienta represión.

Muchos de los derechistas que habían sido salvados por las autoridades republicanas protestaron por las ejecuciones sumarias al abrigo de la noche. Haro fue finalmente destituído el 6 de febrero de 1937, cuándo salió a la luz que se había apropiado de donaciones en joyas y en metálico destinadas a la causa
nacional. Concretamente, se supo que había utilizado estos fondos para pagar los servicios de prostitutas.

Las pruebas presentadas en su contra respaldaban las acusaciones de los robos y los abusos de poder cometidos en los quince años anteriores. Cuándo se fue de Huelva, su equipaje constaba de 39 baúles y maletas. Tras prestar servicio en Zaragoza, Teruel y Galicia, fue nombrado jefe de la Guardia Civil en León. El 16 de febrero de 1941 fue asesinado por uno de sus jóvenes oficiales, quíen murió poco después en un tiroteo. La explicación oficial era que el joven estaba loco, pero el suceso dió pie a todo tipo de rumores.

En Sevilla, al igual que en Huelva, los «desmanes» o «el terror rojo» se exageraron hasta extremos delirantes con el fin de justificar la represión...."

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"The past is never dead,
it's no even past"
(Faulkner)

Pepe El Algabeño,
bajo la columna de Ramón Carranza,
lideraba un grupo de toreros,
terratenientes, mayorales,
hijos y nietos de latifundios y dehesas
que se dedicaron a limpiar
toda la tierra de jornaleros,
de "gen rojos",
de indeseables que sólo sabían pedir
tierras y aumento de sueldos.
Primero los hacían correr para cansarlos y torearlos
y rematarlos con estocadas hasta el hueso.
Y Carranza los felicitaba.
Y Queipo admiraba su valor de ígneos guerreros.
Esto ocurría en los campos
de azul y blanco cielo.

En las minas, otros Algabeños
toreaban, picaban y mataban otros toros
cortando orejas, patas y rabos.

Cuándo capturaron las minas de Río Tinto
con un terror en las manos
dónde el "gen rojo" enrojeció el Tinto,
del fondo de la tierra --dicen--
salió un poderoso grito
que abrió grietas en todos los caminos.

Muchos huyeron a las montañas
y de las entrañas del suelo 
subieron a lo mas alto y se convirtieron
en "Mineros de Estrellas"

(José María Morón, de Nerva,
premio Nacional de Literatura
en 1933 por su libro Minero de Estrellas)

Y allí fueron a por ellos.
Para que no hicieran de sus ejemplos 
acopio de luz que a otros
estimulara a tan prometéica empresa

(Según la Agencia Reuter confirmó en Gibraltar, recogiendo las declaraciones de un alto  oficial británico de la mina y publicadas en "Times" el 14 de noviembre de 1936, unos 1.500 mineros fueron fusilados)

Hoy fue "liberada" Huelva del "gen rojo"

Hace ochenta y un año.
Mis padres nunca de ello me hablaron
Fue demasiado el miedo,
demasiado trauma implantado.

"The past is never dead,
it's no even past"

.................................................

PD:
El "Algabeño"
Una de las figuras más siniestras de la represión ha sido el "Algabeño", que murió en el mes de abril del 37 en el frente de Córdoba. Formaba parte de la columna de Carranza. No tenia ni el menor rastro de sentimiento human. Era un tigre vestido de azul. Una madrugada abrió la puerta del camión en el que iban varios detenidos trasladados desde Variedades --en Sevilla-- a uno de los barcos anclados en el río. Preguntó por uno de ellos que le dijeron que estaba dentro. Al no contestar vació el cargador de su pistola sobre los presos. Hizo dos muertos y varios heridos. "Sois unos gallinas : si fuérais hombres daríais la cara", fue su responso.

En una de las salidas que hizo la columna al mando del "Algabeño" --por no poder ir Carranza-- por la provincia de Huelva, detuvieron a un grupo de mineros. Les
encontraron unos cartuchos de dinamita. El "Algabeño" ldijo: "Con éstos no tenemos que gastar municiones". Y mandó que le pusieran en la cintura de cada uno un cartucho dedinamita y ordenó alejarse a sus hombres y el mismo puso fuego a las mechas.  Tres de ellos al producirse la explosión quedaron destrozados. Volvió a acercarse, repitiendo la operación hasta que terminó con todos. El "Algabeño" se jactaba de estos hechos y otros parecidos que yo, y todos los que le conocíamos, le oímos referir muchas veces. Con frecuencia visitaba al Queipo que se complacía en oír sus hombradas.

"Un Año con Queipo de Llano"
'Memorias de un Nacionalista'
Antonio Bahamonde y Sánchez de Castro
Delegado de Propaganda
de Queipo de Llano hasta Enero de 1938

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