LA EXITOSA OPERACIÓN DEL PENTÁGONO, COVID-19

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SPREADING FREEDOM AROUND THE WORLD



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UNO, DOS, TRES, CUATRO, CINCO, SEIS, SIETE, OCHO, NUEVE, DIEZ...

UNO, DOS, TRES, CUATRO, CINCO, SEIS, SIETE, OCHO, NUEVE, DIEZ...
"EL CAPITALISMO NO ES NADA MÁS QUE UNA EMPRESA DE LADRONES COMUNES DISFRAZADA DE 'CIVILIZACION' QUE EXTENDIÓ, IMPERIALÍSTICAMENTE, A ESCALA GLOBAL, UN 'SISTEMA' (ECONÓMICO, POLÍTICO, IDEOLÓGICO Y SOCIAL) PARA LEGALIZAR Y LEGITIMAR CON LEYES UN ROBO MASIVO Y PLANETARIO DEL TRABAJO SOCIAL Y DE LOS RECURSOS NATURALES, ENMASCARADO DE 'ECONOMÍA MUNDIAL' " Manuel Freytas -- "LA SITUACION DEL CAPITALISMO HOY EN DIA NO ES SOLAMENTE UNA CUESTION DE CRISIS ECONOMICAS Y POLITICAS, SINO UNA CATASTROFE DE LA ESENCIA HUMANA QUE CONDENA CADA REFORMA ECONOMICA Y POLITICA A LA FUTILIDAD E INCONDICIONALMENTE DEMANDA UNA REVOLUCION TOTAL" Herbert Marcuse, 1932



"UN SISTEMA ECONÓMICO CRUEL


AL QUE PRONTO HABRÁ

QUE CORTARLE EL CUELLO"

¡ QUÉ GRAN VERDAD !
PORQUE FUÉ ESE MISMO
SISTEMA ECONÓMICO CRUEL,
PRECISAMENTE,
¡ EL QUE LE CORTÓ EL CUELLO A ÉL !


Tuesday, March 13, 2018

ONVBA, DESDE EL DIOS 'Onu Ba´al' A DEVOLVERLE A ESPAÑA SU VERDADERO SER...

El nombre fenicio: Onu Ba´al, Onos Ba´al “la fortaleza del dios Ba´al”, actual Huelva.  A partir de este término se desarrollaron los siguientes nombres que tomó la zona para los colonizadores romanos (Onuba Aestuaria), árabes (Awnaba y Guelbah) o cristianos (Huelva).  Onuba también acuñó moneda propia, figurando la leyenda ONVBA entre dos epigas de trigo, hecho que en numismática romana simboliza importancia en la producción cerealística, primando sobre la producción derivada de la activad pesquera
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No sé de dónde es ésta foto, 
pero no importa,
sólo sé que fue mi placenta,
dónde vi la primera luz,
mi niñez, ya fábula de fuentes
en mares arropados,
ya borrada en el palimpsesto de la historia, 
hoja pasada, 
alba mitificada,
La infancia, aúnque llegue subida en el miedo,
en el terror silenciado,
en la cruz que se carga
sobre montones apagados,
siempre es azul,
y vuela y juega 
entre trigales de amapolas
de espacios llevada
de naranjas amontonadas,
pero tambien lleva rejones 
clavados en lutos y capas,
porque 2000 años después
de la leyenda ONVBA
entre dos espigas de trigo,
alrededor de esa foto
que no sé de dónde es,
cuándo volaba y jugaba
entre trigales de amapolas
de espacios llevada,
pasó ésto:


(....) La suerte de Huelva, que contaba con fuerzas suficientes para intimidar a la población civil, quedó marcada por la firme actitud legalista del Gobernador Civil, Diego Jiménez Castellano, y de los tenientes coroneles de la Guardia Civil y Carabineros, Julio Orts Flor y Alfonso López Vicencio respectivamente, así como de los mandos de Asalto. 

Por el contrario eran mayoría los oficiales favorables a la sublevación, oficiales entre los que cabría destacar al comandante de la Guardia Civil Gregorio Haro Lumbreras por el papel que más tarde jugaría. Desde el Ministerio de Gobernación, conscientes de lo que representaba la pérdida de Sevilla, se recurrió a Huelva en la misma tarde del sábado 18 de julio, ordenando la formación inmediata de una columna mixta de militares y milicianos que debía impedir el triunfo definitivo de Queipo en Sevilla. 

El grueso de la columna, constituida en las horas siguientes y compuesta fundamentalmente por gente de la cuenca minera y por fuerzas militares al mando del comandante Haro, partió hacia su objetivo al amanecer, llegando a las puertas de Sevilla a media mañana. 

En su organización destacaron los diputados Juan Gutiérrez Prieto (socialista) y Luis Cordero Bel (federal). Ocurrió sin embargo que el aludido comandante Haro, que salió antes, después de atravesar Triana puño en alto y dando vivas a la República, decidió traicionar las órdenes de sus superiores y ponerse al servicio de Queipo, quien inmediatamente lo envió a la entrada de la ciudad con un gran contingente de fuerzas de la Guardia Civil. 

Los mineros no tuvieron tiempo ni de darse cuenta de la encerrona, sufriendo numerosas bajas y detenciones. Este susto, a menos de veinticuatro horas del golpe y cuando aún no se habían ocupado los barrios obreros sevillanos, no sería olvidado nunca por los vencedores. De los sesenta y ocho detenidos, todos salvo un menor, serían fusilados en diferentes puntos de Sevilla en la madrugada del 31 de agosto. 

Entre el 18 y el 20 de julio pasan a poder de los golpistas, entre otras ciudades, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Granada, Algeciras, Écija y Jerez de la Frontera. Fue entonces cuando el nuevo Estado Mayor dirigido por el comandante José Cuesta Monereo, cerebro oculto de todo el plan rebelde, miró para Huelva nuevamente observando el gran peligro que representaba el acercamiento de la Escuadra a su puerto, con la posible pérdida de control de la navegación en el Atlántico y en la desembocadura del Guadalquivir.  
También había otra razón. El fracaso del golpe en Badajoz impedía el contacto entre los sublevados, por lo que dicha relación debería hacerse a través de Portugal vía Ayamonte. 

Ocupación de la provincia 

La urgencia de los objetivos indicados llevaron a que el mismo 24 de julio una columna al mando de Ramón Carranza Gómez, aupado a la alcaldía de Sevilla por Queipo, partiese en dirección a Huelva por las carreteras del Condado. 

Dicha columna fue apoyada por los aviones de Tablada, que bombardearon pueblos como Bollullos, La Palma, Manzanilla, Villalba o la misma Huelva, y reforzada por fuerzas de Artillería y, sobre todo, por la Legión y el Tercio. Ante el derroche de medios de los golpistas, la resistencia popular, tan voluntariosa como inútil, fue arrasada

Los pueblos fueron derrumbándose cayendo uno a uno hasta que el día 29 de julio, con la ocupación de la ciudad de Huelva y la creación de pequeñas columnas mixtas al mando de militares o guardias civiles, cayó en manos de los sublevados todo el sur de la provincia e incluso Valverde del Camino, puerta a la temida cuenca minera y que fue reforzado de inmediato. 

Salvo las operaciones que concluyeron con la ocupación de Calañas, a fines de julio, y de Santa Olalla, el 3 de agosto con motivo de la salida de Sevilla de la Columna Madrid, todo quedó paralizado durante dos semanas. En esos días los sublevados dirigieron sus numerosas fuerzas hacia diversos pueblos de Sevilla y especialmente hacia la provincia de Badajoz. Por su parte los mineros se plantearon la recuperación de Valverde. 

Hasta ese momento el grupo más activo había sido el encabezado por Antonio Molina Vázquez, quien a sus 26 años era secretario de la CNT de Nerva. Este grupo fue clave en la rendición de cuarteles de la Guardia Civil, recorriendo por tal motivo muchos pueblos de la provincia tales como Aracena, Higuera, Fuenteheridos, Zufre, Cortegana, Aroche, La Palma, Almonte, Ayamonte, Isla Cristina y Castillo de las Guardas (Sevilla). 

El primer enfrentamiento importante tuvo lugar en El Empalme, entre Valverde y Zalamea. En la madrugada del día 7 de agosto se enfrentaron durante cinco horas varios centenares de mineros, cuya arma más contundente era una ametralladora encontrada en un cuartel, y un nutrido contingente de fuerzas sublevadas de Infantería, Artillería, Guardia Civil e incluso aviación. 

Fue a partir de esta fracasada ofensiva cuando los mineros, conscientes de sus limitaciones, se plantearon la salida de la cuenca minera. Primero sería la CNT, quien a lo largo de su recorrido daría lugar a la Columna Andalucía-Extremadura, más conocida por “Spartacus” o “Batallón Riotinto”. Este grupo, dirigido por Molina Vázquez, salió de Nerva a mediados de agosto y llegó a Madrid en los últimos días de ese mismo mes. Una segunda columna, con predominio de comunistas y socialistas –conviene recordar que incluso el propio alcalde de Nerva, José Rodríguez González, tenía doble militancia– salió unos días después, siendo recogida su llegada a Madrid en Mundo Obrero. Ambas se prolongaron en diversas brigadas mixtas y acabaron integradas en Divisiones. A mediados de agosto, con la caída de Badajoz, cierre de la primera fase del golpe militar en el Suroeste, las fuerzas de Queipo iniciaron la ofensiva definitiva sobre Huelva. 

Fueron enviadas tres columnas, una al mando del comandante Eduardo Álvarez Rementería, otra la del militar retirado tradicionalista Luis Redondo García y otra, procedente de Huelva, al mando del capitán Gumersindo Varela Paz, todas las cuales por caminos diferentes debían confluir en la cuenca minera. 

La columna Redondo debió ser reforzada de inmediato tras el recibimiento que se le hizo en Higuera de la Sierra, pueblo que tardaron en ocupar hora y media. A partir de entonces las fuerzas de Redondo quedaron constituida por más de 600 hombres, unos trescientos procedentes de las milicias tradicionalistas formadas en Sevilla tras el golpe y el resto por fuerzas de Regulares (Harca Berenguer), Infantería, Caballería, Carabineros, Zapadores, Ametralladoras y Guardia Civil, además, como ya era habitual, de los aviones de Tablada. 

Los movimientos de esta columna, que alternaba al llegar a cada pueblo las ejecuciones ejemplarizantes con aparatosas misas de campaña dirigidas por el capellán de la columna, el jesuita Bernabé Copado, provocaron la huida masiva de cientos de personas hacia el norte de la provincia, las Cumbres, y el sur de Badajoz. 

Los pequeños enfrentamientos que la columna encontró en su itinerario tuvieron su punto álgido el 20 de Agosto entre Santa Ana y Almonaster, en el cruce de la carretera de San Juan del Puerto a Cáceres, donde los mineros lanzaron un nuevo e infructuoso ataque. 

El día 20 a las 9 de la mañana, los aviones de Queipo dejaron caer sus bombas sobre Riotinto y Nerva destruyendo diecisiete vidas, la mayoría de mujeres. La fase final de la operación, bajo el mando de Álvarez Rementería, dio comienzo el día 24 de agosto. Mientras Redondo ocupaba Campofrío, bombardeada desde tierra y aire, las fuerzas de Varela Paz se dirigieron a Zalamea La Real, encontrando gran resistencia. 

Al día siguiente, y tras un bombardeo de seis horas, estas mismas fuerzas entraron en Salvochea (El Campillo), un sector del cual fue poco después incendiado por la columna Redondo. Los mineros sufrieron muchas bajas. La noche del 25 al 26 un numeroso grupo de vecinos de Nerva y Riotinto encabezado por el alcalde de Nerva huyó a la sierra. Fue el comité extraordinario entonces creado el que unas horas después se acercó a El Madroño para comunicar a Álvarez Rementería que podía entrar en Nerva cuando quisiera. 

Poco después, en la tarde del 26, irrumpían por fin en el corazón de la cuenca las diversas columnas. La frustración sufrida por la falta de lucha fue compensada por la depuración inmediata de la población civil. Después de la ocupación de los pueblos mineros las fuerzas de Redondo siguieron su recorrido hasta Aroche y Rosal de la Frontera, tras lo cual retornaron a Sevilla. 

Los restantes pueblos que quedaban por ocupar fueron encomendados a algunas columnas dirigidas por la Guardia Civil y Varela Paz. Este sería quien el 19 de septiembre entró en las Cumbres. Las últimas aldeas, y con ellas la provincia, caerían finalmente el día 21 de septiembre. 

Consecuencias del golpe militar 

a) Reacción oficial y respuesta popular

Tanto las autoridades republicanas como los Comités creados en cada pueblo para organizar la respuesta al golpe militar y controlar los problemas locales, ordenaron la detención y desarme de una serie de personas contrarias a la República cuando no directamente implicadas en los preparativos desestabilizadores. De esta forma un número considerable de personas –unas dos mil–, entre las que se encontraban los más conspicuos representantes de la derecha política y económica de la provincia, pasaron en un primer momento a poder de la izquierda onubense. 

Simultáneamente las autoridades republicanas provinciales lanzaron constantes llamadas contra la violencia y a favor del respeto a la vida ajena. De no ser por la firme actitud de los Comités, formados por representantes de todos los partidos democráticos, cientos de derechistas hubieran sido aniquilados por los sectores más radicales. 

Un caso paradigmático es el de la ciudad de Huelva. Temeroso de que todos los presos corrieran la misma suerte que las seis personas asesinadas en la ciudad a manos de incontrolados entre los días 18 y 23 de julio, el gobernador Diego Jiménez Castellano ordenó el día 27 su traslado al “RAMÓN”, un barco anclado en el puerto. Así salvaron la vida ciento setenta y nueve personas de Huelva y de otros pueblos cercanos. 

Igual actitud mantuvieron en los pueblos algunos alcaldes que llegaron a exponer sus propias vidas en defensa de los detenidos. En tanto que la derecha pasaba a prisión, la ira popular se desbordó de manera generalizada contra los símbolos de los grupos privilegiados, contra las iglesias y contra los casinos, provocando cuantiosos daños materiales. 

Al mismo tiempo los problemas de abastecimiento se solventaron mediante incautaciones y requisas que afectaron principalmente a las grandes fortunas de la provincia, que vieron desaparecer sus ganados y sus nutridas despensas. 

Las primeras violencias se produjeron por la negativa de algunos cuarteles de la Guardia Civil a acatar las órdenes superiores recibidas desde la capital, donde fue congregada la mayor parte de sus miembros. 

Esto dio lugar a feroces enfrentamientos en Aroche, Higuera de la Sierra y El Cerro de Andévalo, enfrentamientos que acarrearon la muerte de veintidós personas. En otras ocasiones es algún vecino de derechas el que se niega a entregar al Comité las armas que posee, produciéndose choques armados en Moguer y Trigueros, y la muerte de cinco personas. 

Finalmente hay que añadir siete muertes más durante la ocupación de los pueblos, tres de ellas en Zalamea. Así, obtendríamos un total de 34 víctimas en enfrentamientos armados. También en esos dos meses se produjeron diversos asesinatos en ocho puntos de la provincia. La mayoría de ellos se debió a las matanzas de presos habidas en La Palma del Condado y en Salvochea (El Campillo), con quince víctimas en el primero y once en el segundo. A ellos habría que añadir doce casos más de violencia selectiva, seis en Huelva y seis en Cumbres Mayores. 

Otros cinco casos tuvieron lugar en Higuera, Jabugo, Trigueros y Zufre. Así se totalizarían los cuarenta y tres casos de represión achacables a la izquierda desde la sublevación hasta la ocupación total de la provincia, casos que sumados a los treinta y cuatro anteriores darían las setenta y siete víctimas que la derecha tuvo en Huelva mientras la izquierda conservó el poder en algún rincón de la provincia. 

b) El terror fascista. 

Ya se ha mencionado que eran las propias columnas las que al ocupar los pueblos efectuaban algunas acciones represivas de carácter ejemplar. Pero esto solo fue el principio. Antes de partir, los jefes de las columnas elegían en cada pueblo a las nuevas autoridades, militares retirados o viejos políticos primorriveristas que serían apartados del poder en breve por los delegados gubernativos o por Falange en cuanto se fueron organizando. 

En Huelva, como en tantas otras provincias, hubo poca guerra y mucha represión, pues ésta, primer principio fundamental del Nuevo Orden, se convirtió en requisito ineludible y simultáneo a su implantación. Cabe establecer tres fases en la represión ejercida por los golpistas. 

1.-Desde la ocupación a marzo de 1937. 

Es la fase de la represión salvajePrimero, con el pretexto de los daños materiales, se practicaron detenciones masivas, encargándose la guardia civil de los interrogatorios iniciales. 

Muy pronto, y dejando de lado cualquier viso de legalidad o algo que recordara a la justicia civil, el ámbito de decisiones se trasladó al Ayuntamiento o al Casino, donde la oligarquía local se erigió en dueña de la situación con la anuencia de las nuevas autoridades militares, representadas en cada pueblo por el comandante militar, normalmente el jefe de puesto de la Guardia Civil. 

La ceremonia inicial vino representada por el Consejo de Guerra que el día 3 de agosto condenó a muerte al gobernador Jiménez Castellano y a los tenientes coroneles Orts y López Vicencio, quienes al contrario de otros cargos políticos no pudieron huir en barco. A pesar de las peticiones de clemencia –más que justificadas si pensamos que algunas procedían de personas que pasaron por el “RAMÓN”–, Queipo decidió que debía primar la ejemplaridad. 

El acto, con presencia de autoridades y público, como si de un espectáculo se tratara, tuvo lugar en el parque de El Conquero. La eliminación de las autoridades republicanas, cegadas según los golpistas por lo que llamaron empacho de legalidad, representó la señal de salida. Antes de que cayeran el centro y norte ya estaba siendo diezmado el sur de la provincia. La caída de los pueblos mineros supuso un enorme salto cuantitativo de violencia, a la que finalmente se sumó la terrible criba efectuada en los pequeños y pacíficos pueblos de la sierra

Propietarios, falangistas, requetés, guardias civiles, militares y curas se lanzaron a una tarea de limpieza sin precedentes. Daba igual que no hubiese existido violencia previa contra personas; daba igual que los hombres hubieran huido: pagarían sus “culpas” sus padres, sus hijos o sus mujeres, humilladas por doquier, rapadas, purgadas, violadas o asesinadas, como prueba el hecho de que el número de mujeres eliminadas – hasta ahora sabemos de unos doscientos casos– supere al de víctimas de derechas

En fosas abiertas en el Cementerio de Huelva ingresaron en solo dos meses ochocientas personas. Fue en esa vorágine cuando se produjo un hecho inusual en la España ocupada. 

El terror llegó a ser tan insoportable que, a mediados de septiembre, cientos de personas empezaron a reunirse todas las tardes en el fusiladero oficial, El Conquero, exigiendo la ejecución de los miembros de la llamada “Escuadra Negra”, el grupo de señoritos, falangistas y toreros frustrados que venía sembrando indiscriminadamente la muerte desde julio siguiendo al pie de la letra los deseos de la oligarquía onubense. 

El guardia civil Haro Lumbreras, nuevo gobernador civil y militar impuesto por Queipo, reaccionó airado lanzando amenazas y defendiendo la actuación de la “justicia”, pero ante la presión y el escándalo social hubo de ceder sacando de Huelva a varios de esos individuos. Pese a todo, el ritmo de muertes siguió imparable en la provincia hasta que a finales de año fue cediendo. 

Todos los pueblos de la provincia salvo tres (Hinojos, Berrocal e Hinojales) padecieron la violencia fascista, indiscriminada y brutal hasta extremos difíciles de imaginar. 

La cultura de izquierdas forjada desde fines del siglo pasado y que culmina en la experiencia republicana fue arrasada. Alcaldes, concejales, líderes políticos y sindicales, personas de relieve social y, por extensión, cualquiera que pudiera asociarse a lo que representó la República, fueron aniquilados. 

2-. La segunda fase va de marzo de 1937 a abril de 1939

Una Orden General del Ejército (03-03-37) puso a disposición de la Auditoría de Guerra a todos los detenidos, dando así comienzo la época de los Consejos de Guerra. Con ellos el Nuevo Estado franquista decidió variar de métodos y ofrecer una imagen menos sangrienta. 

Considerada por muchos como la segunda vuelta represiva se orientó a juzgar a los presos que llenaban las cárceles desde hacía meses y a los que iban cayendo. Cualquier relación con el mundo de la justicia o de las garantías procesales fue casual. 

Esta fase se vio totalmente alterada en la provincia de Huelva por el problema de los huidos, problema que llevó a Queipo a declarar zona de guerra la mitad de la provincia a mediados de 1937 y que dio al traste de inmediato con la operación de cubrir la represión con un envoltorio seudolegal. 

Pese a las instrucciones de las Comandancias Militares, que en febrero del 37 desaconsejaban la existencia de muertos al aire libre por ser espectáculo deprimente y peligroso y los orificios en los paredones por el pésimo efecto que producen a los viajeros, volvieron a verse muertos en cunetas y cementerios así como muros tachonados de impactos de bala. 

Los Consejos de Guerra, por su parte, crueles pantomimas endurecidas al compás de las circunstancias, amargaron los días y las vidas de varios miles de personas, de las que más de seiscientas fueron condenadas a muerte en Huelva entre marzo de 1937 y abril de 1939. Estos Consejos de Guerra y los brotes de represión salvaje fueron aprovechados para acabar con lo que quedaba de la izquierda, para cortar de raíz los soportes y enlaces de los huidos, y para acabar definitivamente con dicho problema. 

Tan injustificable resultaba acometer estas purgas a estas alturas que hasta que no reinó de nuevo la violencia carecieron de justificación alguna para realizarlas. Muestra de la “solución final” dada al problema de los huidos serían las matanzas efectuadas en el segundo semestre de 1937 en pueblos como Almonaster (23), Aroche (28), Calañas (36), Rosal (34), Valverde (62) o Zalamea (37). 

3-. La tercera fase se inicia en abril de 1939, con el fin de la guerra, y concluye en abril de 1945, fecha en la que tiene lugar en Huelva la última ejecución relacionada con el golpe militar. 

El triunfo definitivo del fascismo convirtió al país en una inmensa cárcel donde hasta para desplazarse al pueblo de al lado había que contar con el salvoconducto de la omnipresente autoridad militar. Miles de presos fueron recluidos en campos de concentración y enviados poco a poco a sus respectivas provincias, donde ante la imposibilidad de ingresarlos en las prisiones pasaron a alguna zona especial de concentración, en el caso de Huelva al Muelle Pesquero. 

Los tribunales militares no se aplicaban ya en estos años con la ferocidad anterior, de forma que personas que solo unos años antes hubieran sido directamente asesinadas sin trámite alguno, sufrían ahora largas condenas que aunque les marcaban para siempre les permitían al menos conservar la vida. 

El terror reinante convirtió en figuras veneradas a aquellos militares defensores que conseguían, como si de un triunfo se tratara, una condena de seis o doce años para un hombre inocente. La penas de muerte dictadas en esta fase no llegaron a cien. Sin embargo, fueron las propias condiciones de vida, el hambre, las enfermedades, el miedo, el hacinamiento, la miseria y la violencia estructural, las que realizaron la criba. 

Solo en la Prisión Provincial perdieron la vida entre 1941 y 1942 unas doscientas personas. El final de la Guerra Mundial con el triunfo aliado acarreó el cese inmediato de las ejecuciones. La última ejecución en Huelva tuvo lugar el 5 de octubre de 1944. En aquel momento de duda y marasmo las afiliaciones a Falange se desvanecieron y, por lo que pudiera pasar, muchos procuraron tener alguna buena acción en su haber. Lo cierto es que, agazapados al amparo del nazi-fascismo desde 1936 y luego al margen de II Guerra Mundial, habían contado con nueve años para efectuar la “gran tarea”, esa que según los nuevos profetas al estilo de Siurot o Pemán iba a devolver a España su verdadero ser. 

GOLPE MILITAR Y REPRESIÓN EN HUELVA
Francisco Espinosa Maestre Historiador 

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Devolver el verdadero ser.
Ya sé de dónde ésta foto es...

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