Friday, January 1, 2010

AÑO NUEVO, PRIMERO DE ENERO


Los padres.
Legan. Nos procrean.
Pasan. Y se van.
Hoy yacen, en sus huesos.
Mañana, polvo cósmico.
Pasado mañana, nada.
Nada.
El ser y la nada.
Los padres.
Sombras ya.

                                  
Los padres. Los padres de nuestros padres. Los hijos de los hijos. Cadena generacional. Llegan, pasan y se van. Y todo, ¿para qué, ¿para qué?. Cadena de eslabones enlazados por el DNA, por la historia, por la cultura, por las lagrimas, por las emociones, por el amor, por la separación, por el recuerdo...el que ahora, el primero de Enero, trae a la memoria el día del santo de Manué...


....Mi padre era Manué, yo, tambien Manué, y en mi casa de la infancia, de corral y macetas colgadas, a la sombra de una iglesia alta, mi madre le cortaba el pescuezo al pollo mas grande del gallinero, y la casa se llenaba de gentes, familia, amigos, vecinos y nuevo viento, y había abundancia, tribu amalgamada, transcendencia originaria, consuelo infantil, círculos completos, humor blanco y negro y nubes de tríos que cantaban canciones que aún despejan los horizontes de aquellos cielos; y mis padres parecían felices, y el mundo dejaba sus oscuros y se llenaba de colores sin tiempo, y el campo de concentración del dictador se esfumaba en el jolgorio del día, uno de Enero, san Manué, y la casa se cuajaba de albahaca, geranios y hierba buena, y los chiquillos, llenos de dulces, corríamos por las calles de tierra y adoquines y cunetas de cuencas míticas jugando como ángeles liberados, y después íbamos al cine a ver películas de americanos, y mi padre, en la pata coja de la mesa del comedor, después de haber probado el vino, metía, doblado, un billete de mil pesetas para nivelarla, y mi madre, Aurora de boreales que nunca terminaron de nacer, lo miraba con seriedad festiva preocupada por el billete, y mi padre se hacía el chistoso y contaba anecdotas que a mi madre no le hacían ninguna gracia, y decía que cuando la conoció en la feria de San Juan, allá por mil novecientos veinte-y-tantos, ella le preguntó que en qué trabajaba, y él le dijo que era 'representante en cueros', y ella le contestó  'que sino pasaba frío', y que después los dos se ríeron, y que ahí empezó todo, y que siguieron ríendo hasta que los cuernos del toro de la vida empezó a cornearlos, a herirlos, a derribarlos...pero en aquellas fiestas del Año Nuevo aún reían en ese idílico refugio dónde el hombre y la mujer encuentran el eden perdido; y todos comíamos y bebíamos y los mayores olvidaban las fosas comunes y las cárceles del exterior, que, como centinelas perpetuos, enlutaban fachadas y malecones, y los niños, sin enterarnos aún de lo que ocurría, nos zambulliamos en 'el santo de manué' como tornillos sin fín de unos engranajes que hoy acuden al recuerdo cuando ya mis padres, y todo aquel cosmos, yacen en nichos hechos huesos. 

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P.D.:
  A los padres empezamos a conocerlos después de muertos, cuando la raya horizontal de sus cuerpos levantan y columpian todos sus recuerdos.  Para ser conocido hay que morirse primero. Que pena que nos conozacan y nos evoquen siendo ya esqueletos. Quizas la historia deba ser arqueologia para poder desenterrar los fosiles y reliquias que un dia la vida contuvieron.