Tras la muerte de su maestro, Euclides vuelve a su ciudad natal Mégara y funda una escuela filosófica, en la que se pueden vislumbrar todavía resquicios de la formación de Euclides con Socrates y la influencia de Parmémides de Elea. Sus miembros recibían el nombre de megáricos, disputadores o dialécticos. El tema que trataban era sobre un Dios supremo, planteandose un problema
ético-gnoseológico sobre sabiduría o justicia.
Hoy los tiempos son otros.
Hoy, el Dios Supremo es el Dinero.
Hoy los Megáricos, con sus Megayates,
son los Dioses Supremos
Los amos de la Vida y la Muerte.
Y son, como los Dioses, invisibles.
Pero su invisibilidad se hace cada día,
irremisiblemente, trágicamente,
más visible y perturbadora...