Los perros se pudieron dar el festín porque la tierra descubierta por los españoles era "terra nullis", tierra de nadie. Por lo tanto los canes sólo se comían a nadie. No babía ningún problema en ello.
Esta "terra nullis" fue dictaminada, ex cathedra, por la infabilidad del Papa Alejandro en 1493 mediante la bula "Inter Caetera". Tierra de Nadie.
Pero la cuestión se les complicó a los perros de presa cuándo cuarenta y cuatro años mas tarde, en 1537, se descubrió --segundo descubrimiento-- que esa "terra nullis" tenía alguíen que la poseía, que ya no era tierra de nadie, sino que habían unos seres reales que vivían alli y, oh, milagro, parecían humanos. Y se lo comunicaron al Papa.
Y el 2 de Junio de ese año, el Papa Paulo III, otra vez ex cathedra, publica otra bula, "Sublimis Deus", en la que se dictamina que los nativos americanos tenían alma, eran humanos.
Y los perros comenzaron a adelgazar.
Aúnque no mucho.
Porque lo que ocurrió fue que después
de la "Sublimis Deus" los canes
podían seguir comiéndose a los nativos,
pero procurando sus amos que no desgarrasen
dónde se creía que estaba ubicada el alma.
Asi que continuaron teniendo lo suficiente
para seguir viviendo muy bien en aquellas tierras.