Las fotografías, pasado congelado,
momentum cuajado,
me producen un golpe uterino de nostalgia
psíquico-ontológica.
Es una pesadumbre reflexiva que me congela
Es una pesadumbre reflexiva que me congela
dónde Vertumnus,
la divinidad del misterioso paso del tiempo,
se apodera de mi de tal manera
que las tengo que dejar de ver
porque la lesión del aparecer-y-desaparecer,
ese ser-ahora-y-no-ser después,
clava en mi unas garras que supuran
mariposas heridas.
mariposas heridas.
Es cómo si todo el pasado quedase convertido
en un gran graffiti en foto-fija de espejismos
que van quedando, inertes y ya sin vida,
en la pared de nuestros caminos
que no se ajustan a las pinturas recibidas.
que no se ajustan a las pinturas recibidas.
No sé...no es fácil de explicar
(Nada que baje en profundidad es fácil de explicar)
Es, como diría, como retrotraernos en la constante
película fílmica que estamos rodando,
y al desenrrollar el carrete hacia atrás y pararlo
en un punto dado, en una petrificada escena dada
y contemplar lo filmado desde otro ángulo,
nos convirtíesemos en testigos de nosotros mismos
y de los otros sin movernos un ápice
de dónde estuvimos
y de dónde estamos, y terminamos no sabiendo
que es lo real, si el que mira la foto o el que está
en ella mirándonos.
Los nativos norteamericanos no querían
que le tomasen fotografías porque decían
que con ellas perdían el alma.
Y hoy, al pasar las páginas del album de los retratos,
me pasó a mi lo mismo: sentí que nadie allí tenía alma,
que todos eran efingies detenidas, talladas,
que las habían perdido
desde el momento que quedaron grabadas
y el tiempo aterido en ellas
o se la había llevado a la muerte
o a las distancias lejanas.
Puede ser que lo que nos facilita el alma
sea el latido del transcurrir del tiempo,
y en el momento en el que éste se condensa en nosotros,
en nuestra lámina plasmada,
reducíendonos a perennes estatuas,
quedamos, como decían los nativos norteamericanos,
sin alma.
Y en el observador que las vé pasa lo mismo
porque sabe que un dia él tambien
será otra fotografía, en otro album,
que su familia, sus amigos,
miraran con la misma psico-ontológica nostalgia.