España es un país diferente a todos.
Y, como siempre pasa,
ésto se sabe mucho mas afuera que adentro,
mucho más desde lejos que desde cerca.
Esta anamorfosis,
este desenfoque de la imagen poníendo
la cámara demasiado cerca del objeto
a fotografiar es arquetípica
de la intrínseca caractereología humana.
Por ejemplo:
en ningún país de la Tierra
se puede encontrar un colosal monumento,
como es una basílica cavada
dentro de una montaña,
al fascismo.
Y, dentro de ella,
junto al Altar de Dios Todopoderoso,
en glorioso reposo eterno
como faraón empiramidizado,
uno de los caudillos del antiguo Eje Berlin-Roma-Madrid.
El aleman, aplastado inmisericordemente,
El italiano colgado en una estación de servicio
de Milan y arrastrado su cadáver por las calles.
El destino del compinche español
fue diferente porque España,
como decimos,
es un país diferente a todos.
Y nada.
No ocurre nada.
Todo es normal.
Y la vida sigue igual,
como cantaba don Julio.
Y las gentes, claro,
tienen otras cosas mas importantes
en las que pensar.
Y el monumento sigue ahi,
intácto, en el mismo sitio,
simbolizando la inmortalidad de su creador,
y las gentes siguen haciendo la vista gorda,
la gorda vista...
Y por no hallarse el Hilo de Ariadana a este Laberinto,
y ante la premura de encontrar una salida,
se termina pensando que el que no es normal
y ante la premura de encontrar una salida,
se termina pensando que el que no es normal
es uno mismo.
Y es entónces cuándo, de súbito,
nos asalta la luz sobre todo ello
¡...Umm...qué bien...Menos mal...!
Ya nos quedamos tranquilos.
Y es entónces cuándo alcanzamos el 'satori'
de que el diferente es uno mismo,
no España.
¡Ahh...que bien!
¡Que susto nos habíamos llevado!